Dicen que para gustos, cervezas. Y también que con vino se come y con cerveza se pelea. Bueno, pues mentira cochina. La birra no solo marida, se lo goza. No está ahí como acompañante sumisa de la comida, sino como cómplice descarada que entra en la fiesta del paladar con botas, burbujas y ganas de armarla. Así que abre la mente, abre la nevera y prepárate para descubrir que tu próxima cena épica puede empezar con un simple "¿y si pruebo esta birra con esto?". Brindamos por ti. Y por el queso frito con Weizen, que también lo merece.
Esto ha sido solo el aperitivo. El menú degustación completo (con maridajes por contraste, afinidad y locura transitoria) te espera en el libro.
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